Cuatro días en el país donde el invierno es el espectáculo.
Islandia en diciembre tiene cuatro horas de luz. Eso, que suena a problema, es justamente el punto: el resto del día es cielo oscuro, que es la condición que hace falta para ver auroras boreales.
Son cuatro días, cortos y bien usados. Un día libre en Reikiavik, que es una capital diminuta y caminable, y una excursión completa al Círculo Dorado: el Parque Nacional de Thingvellir, donde se fundó el primer parlamento del mundo en el año 930 y donde puedes pararte en la falla que separa América de Europa, y la cascada de Öxarárfoss.
Mi recomendación, y te la hago de una: súmale el Blue Lagoon. Estar a treinta y ocho grados en una laguna geotermal mientras afuera hay nieve es una de esas cosas que se recuerdan toda la vida. Va aparte y se llena con semanas de anticipación, así que eso lo vemos temprano.
Sales de Madrid rumbo a Islandia. Llegada a Reikiavik, traslado al hotel y resto del día libre. En diciembre la ciudad tiene apenas cuatro horas de luz, así que el resto del tiempo es de luces, cafés y cielo oscuro. Alojamiento en Reikiavik.
Día libre para la ciudad a tu ritmo. Mi recomendación es sumar la visita al Blue Lagoon: una laguna geotermal de agua azul celeste, rica en sílice y azufre, a treinta y ocho grados mientras afuera está bajo cero. Es una de esas cosas que se recuerdan toda la vida. Alojamiento en Reikiavik.
Excursión al Círculo Dorado, donde la naturaleza y la historia se encuentran. En el Parque Nacional de Thingvellir, Patrimonio de la Humanidad, está el lugar donde se fundó el parlamento islandés en el año 930 y la falla tectónica que separa América del Norte de Eurasia. También la cascada de Öxarárfoss. Alojamiento en Reikiavik.
Desayuno en el hotel y traslado al aeropuerto para volar de regreso a Madrid. Fin del circuito.